Tierra del Fuego, el Principio del Fin

 

Estamos manejando por una recta interminable, sobre la estepa magallánica. El viento mueve el camper, se hace difícil avanzar. Por la ventana asoma un paisaje intenso y abrumador, el silencio de la ruta es quebrada por el viento sur, frío y ajeno, proveniente del continente antártico quien alberga casi toda el agua pura del planeta. El viento lo corta todo y es el que obliga a curtir el espíritu. Nosotros, solo somos pasajeros de esta ruta y manejamos a conciencia, sin entusiasmarnos mas allá de entender que estamos en el final del periplo y en el lugar más austral del planeta. Nos impacta la soledad, mas no la belleza del lugar. Llegamos hasta el inicio de la cordillera de Darwin, donde el panorama alienta con un poco más de verde. Las lengas lo cubren todo y dan combate al viento que aún así se cuela entre las ramas soltando la nieve que recién ha caído. Subimos por la cuesta de barro y nieve ………… nos devolvemos. Manejamos de vuelta a la estepa. Las noches son frías y las rachas del viento azotan el camper, el sueño a ratos cuesta y todo nos señala que es momento de volver al continente y salir de esta tierra. Sin embargo hay música en el aire, hay alguien dentro de nosotros que nos dice que no esta bien partir, existe algo en ese viento que nos mueve a tratar de comprender que es lo que sucede en este lugar tan especial. Es necesario aplicar lo que siempre nos ha entregado buenas vibras y que ha sido el derrotero de la experiencia De Alaska a Patagonia:

Conocer gente.

Necesitamos conocer gente de este lugar, hablar con locales, escuchar el murmullo de esta tierra a través de sus dichos y palabras. Conocemos a Patrick y a Michael, padre e hijo respectivamente. Fueguinos, puros y sensatos, de mirada noble y mano firme, aquellos hombres aplomados, de pocas palabras y oídos amplios, de palabras justas, sabias y honorables en el trato. Hombres que no se les encoje el poncho a la primera mojada, de aquellos que me caen bien, que no andan con dobles intenciones, que se muestran francos y que pertenecen a una etnia de hombres hechos de fierro, madera y tierra, sin plástico, molduras ni adornos.

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Encontramos a fueguinos, quienes nos reciben con el pecho abierto, y la cocina calentita. Nos sentamos a comer, conversamos, nos entendemos y ya nos gusta la experiencia, agradecemos a la suerte y la estrella que tenemos como pareja al siempre tomar las decisiones de a dos y siempre terminar siendo la correcta. Estamos contentos y en casa de desconocidos que se transforman rápidamente en amigos. Estamos en una estancia en la mitad de la nada. Técnicamente en la mitad de la pampa y entre un par de laderas esta la casa principal. Casa que ha albergado a generaciones de fueguinos trabajadores en la cría de ovinos. Años de sabiduría y trabajo han dejado manos curtidas y aprendizajes eternos.

Patrick es el padre y es de aquellos viejos que algún día en la vida se debe conocer. Sabio y amable, preocupado de sus animales, de su hijo y de la enseñanzas que la tierra ha curtido en su espíritu. Reconoce la labor del castor que entro hacia un tiempo en la hacienda y que gracias a su labor destructora ha formado una gran represa, donde ahora sus ovinos toman agua. Defiende a los escarabajos a justa razón de ser los gestores del abono de sus tierras. El escarabajo, toma el excremento de la oveja y lo entierra. Abona miles de hectáreas contrario al viento que seca las fecas y se las lleva lejos. Adora los caballos y se deleita con la tropilla que cabalga y pasta frente a la casa, en la pampa, en el arroyo y en las cimas de los cerros.

Un ejemplo de persona

Un ejemplo de persona

Michael su hijo nos enseña de otro aspecto y es lo que nos conecta con nuestra incertidumbre de este tierra. Michael es un profundo conocedor y entusiasta de la cultura Selknam. Ha leído un par de libros y sabe mucho sobre esta cultura exterminada. Sin embargo creo que sabe más que cualquier estudioso de libros. Michael esta ahí, en persona, recorriendo este lugar como lo hicieron los selknam hace 80 años atrás antes de que fuesen barridos a plomo. Michael nos muestra sus piedras pulidas, sus pampas y nos lleva por esteros y cumbres, mostrando donde dormían, donde comían, que cazaban y como trabajaban en equipo. Todo eso gracias al poder de observación que lo han llevado al conocimiento empírico de esta cultura.

Estancia China Creek

Vamos a los Onas o Selknams

Son los nativos de Tierra del Fuego. Son los indígenas que vivieron por miles de años en la Tierra del Fuego, eran cazadores y recolectores. Su principal dieta era la carne de Guanaco. De ésta, sacaban la carne para comer, cueros para vestir, huesos para cortar, tendones para amarrar. Comían también aves, huevos y tubérculos. Vivían en clanes nómades dentro de un mismo territorio. Lo de nómades era clave para dar con los guanacos y poder cazarlos. Vivieron en estas tierras por miles de años y solo bastaron 50 años para que fuesen exterminados.

Mural que muestra la triste historia

Mural que muestra la triste historia

José Menéndez, chancho colorado, Julius Popus entre otros son los asesinos que cazaban Selknam a cambio de dinero. Las flechas de los Selknam no podían contra el rifle. De la noche a la mañana se llenaron de cercos y de balas silbando por entre sus hombros, el guanaco fue casado y huyó hacia los cerros, se quedaban sin comida y así comenzaron a cazar lo que ahora gobernaba en ese lugar; las ovejas. Se ordeno la matanza. Se pagaba más por los senos de una indígena que por las orejas de un nativo hombre. La Matanza fue potente y desgreñada, la Tierra del Fuego se rego de la sangre de sus propios hijos que por décadas habían caminado sin zapatos y sin ropa, y justamente la nobleza del hombre blanco “educado”, nutrido por el conocimientos y con ropa fue la que doblego a los nativos, que para los europeos de esa época eran solo cuerpos sin alma, dignos de ser llevados al museo europeo y devueltos enfermos a su tierra cuando ya casi no quedaban.

El año 1966 muere Lola, la última Selknam y con ella se extinguió un pueblo completo, murió una civilización y desaparecieron los hijos de esta tierra. Michael pasa horas orgulloso de la cultura Selknam, Patrick su padre nos cuenta que la evolución máxima de un pueblo sería lo que lograron los Selknam, donde no existía propiedad privada, cercos, matanzas, epidemias y en donde el sentido común entre las personas era el amor por la tierra.

Los indios de esta tierra vivieron en armonía con el viento y el frío durante miles de años en la zona más austral y agreste del planeta. Y aún así, jamás la destruyeron y nunca la modificaron.

Michael y Patrick nos regalaron cuatro días de lo que justamente nos faltaba y de lo cual no nos podíamos ir sin conocer: El espíritu de la Tierra del Fuego. Conocimiento sobre los nativos que vivieron en este lugar, y el trabajo que hacen en su estancia en armonía con su entorno y respetando lo que alguna vez los Selknam respetaron siempre: la naturaleza y sus leyes. Padre e hijo nos regalaron la sustancia que nos estaba faltando en esta isla y es el espíritu de Tierra del Fuego.

Nos fuimos de esta isla felices de contar con dos nuevos amigos y reiterando la premisa que nos ha gobernado siempre, y es que el mundo esta lleno de gente buena.

Manejamos por unos kilómetros y nos detuvimos a mirar el ocaso. El viento comenzaba a soplar cada vez más fuerte y entonces entendimos. Los Selknam no estarán físicamente en esta tierra, pero su espíritu resuena en el viento, esta impregnado en la Tierra del Fuego y los conocimos no a través de libros y leyendas, si no en vivo y en directo caminando por sus pampas y descubriendo debajo de las piedras, elementos de sobrevivencia.

Estaremos siempre agradecidos de Michael y Patrick, por su tiempo, su amabilidad y la sabiduría que proyectan, esa sabiduría que solo entrega la gente de campo.